Mi casa, no es una casa simplemente, es como un palacio que desde fuera se ve hecho para impacientes.
En el que desde fuera se cree que solo vive gente inteligente, o con problemas mentales, o incoherentes, un palazzo hecho para mi disfrute y al que todo aquel que me hable tiene derecho a entrar.
Mi hall,es colorido y etéreo para muchos presuntuoso y para otros tantos desagradable, pero en el esta la entrada y con una llave bajo el felpudo, en el cual reza "no esperes salir con todo lo que entres", puede entrar cualquiera, aunque alguna se ha quedado con la llave y lo ha cerrado desde dentro de manera que entrar por la puerta grande se ha hecho difícil, pero hay mil entradas más que son viables. Todas estás entradas son acogedoras, casi todas son lo que uno ve al entrar: una entrada normal, sin mucho decoro, con mucho que envidiar a una entrada principal, con algún perro en la puerta que decide si entrarás, con un león por pomo que puede hacer daño al entrar, con una cerradura que parece rota cuándo en realidad pide a gritos que no pases por ahí que hay una entrada principal a la que le gustaría que fueras una experiencia inolvidable te aguardaría en ella.
Mi vestíbulo principal, tiene personalidad adornado con piezas de caza y pesca que nunca podre olvidar, algunas bien exhibidas, otras dadas la vuelta o contra alguna esquina. Consiste en diez paredes; seis con estanterías en la que cada persona que haya entrado puede coger UN libro, si promete acabarlo claro.
En el centro hay tres sofás, uno azul uno verde y uno negro, todos ellos en común sólo tienen la mesa de en medio.
Tres grabados uno a cada lado, en una mesa de cristal que es como un círculo inacabado.
Esta es mi entrada y con ella hay un pasillo con armaduras y bufones a partes iguales por el mismo repartidos miles de habitaciones, y con cada puerta un verso sólo dos escaleras, cada una con un destino adverso.
Tiene cuatro alas mi encantadora residencia, tranquilizo a mis huéspedes diciéndoles que hasta ahora no se ha echado a volar, son: Norte, Sur, Oeste y la otra de la que hablar ganas no tengo, ni tendré espero.
Allá en el norte es donde siempre se esta frío, un lugar incómodo al que están invitados las personas que me veo obligado a invitar por alguna excusa social.
Tiene paredes de colores gris, celeste y blanco, sin sillas ni asiento donde te puedas acomodar, alguna copa escondida habrá, es cortesía tampoco quiero ser impopular. Un kilim acorde a las paredes pero con tonos oscuros adorna el suelo. En el techo escenas de vida cotidiana están retratadas con el mayor esmero para que el que lo mire se aburra y tenga que mirar al suelo. Carece de muebles y de ventanas, le sobran puertas y alguna porcelana.
Es un sitio incómodo pero bonito, un lugar en el que no me encuentro a gusto y en el que rara vez está descontento el que allí va.
El ala sur es otra cosa, es más exótica, menos esotérica, siempre caliente y agradable pero pasar mucho tiempo ahí para mí es agobiante. No es solo agradable no es todo lo que abarca, es un sitio en el que lo que se te puede dar se te da, una torre en espiral atravesada por una escalera de caracol, y en ella lentamente mientras asciendes puedes encontrar salas con cosas que no olvidaras.
Aquí hay tardes de risas, noches en vela, herramientas de trabajo incluso, puedes allí encontrar formas de disfrutar, alguna un tanto siniestra, pero es para disfrute y no solo personal cosas sin secreto confidencial, cosas que en un sentido ético, serían muchas veces difíciles de tolerar, para una mente cerra y antigua o que prefiere solo encajar.
Al oeste se encuentra la entrada tal y como la escrito antes, es un sitio de transito donde el que entra se queda como maravillado o poco impresionado, puede parecer teatro o ser el perfecto actor, puede divertirte al entrar o tratar de salir sin más. La idea es que en ella cualquiera puede entrar, la llave esta en "el hablar".
Esto en una verdad tengo mil momento y cosas que enseñar, pero nos quedamos en un vestíbulo hablando de sus mis visillos o de mis estores, nada es más sencillo que admirar una cortina aunque haya mil hazañas o lugares por enseñar el que no tiene curiosidad con la cortina se va a quedar.
En el centro donde todo va a parar hay una pequeña ciudad, de mil pisos y subiendo podemos pensar.
Es todo mi archivo, es todo secreto y a la vez no. Es mi biblioteca personal, son todo libros a millares y ordenados al azar, allí puedes leer, ahí te puedes sentar, en cualquier sitio puedes disfrutar de una gran historia que cualquier libro te puede contar.
Solo hay una norma, solo una cuestión, nada más que una pequeña aclaración, no se pueden llevar libros de la sala, esta prohibido y castigado, son memorias e historias, pero únicas e irrepetibles, son azarosas e irracionales, pero mías y de valor incalculable.
Quedan mil cosas que aclarar, unas mazmorras que describir, un ala que no voy a abrir, pero con ello y sin embargo debo terminar, me ha gustado describir como es mi modesta casa, ojalá algún día quieras llegar y en ella tu huella estampar.
Quiero llegar. Quiero dejar mi huella.
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