viernes, 25 de enero de 2013

Música


Un piano que suena a lo lejos. Entona una hermosa y triste melodía. Las notas llenan el silencio que te envuelve. Música. El mejor de todos los inventos o descubrimientos del ser humano. No creo que nadie pueda sobrevivir sin ella.

Te ayuda cuando estás mal, o incluso consigue ponerte peor. Logra unir a personas que probablemente nunca hubieran conectado si ella. Es capaz de determinar una vida entera. Puede hacer que llores como una magdalena durante una noche entera, o hacerte reír tanto que te acabe doliendo el estómago durante días. Te da energía para enfrentarte al día a día. Te hunde en la miseria más profunda. Te eleva a las nubes y te deja caer con la misma facilidad con la que un niño le arranca las alas a una mariposa.

Te cuenta historias del pasado, presente, o incluso del futuro. Te susurra palabras, transmite sentimientos que no son capaces de decir solo con palabras. Necesitas algo más, una melodía es mucho más fácil que te llegue que un discurso entonado por alguien.

La música llega directamente al corazón, sin necesidad de pasar por el resto de los sentidos. Llega y se queda en tu pecho, reposando como una rosa en un bello jardín. Pero todas las rosas tienen espinas, y hay que tener cuidado con no pincharse.

Cuando tu corazón sangra, la música hace que mane más sangre, hasta que se queda prácticamente seco. Luego, es la que pone la primera tirita.

lunes, 21 de enero de 2013

...una sombra de nosotros mismos


…y al final acabamos convirtiéndonos en nuestros propios dobles. Acabamos por convertirnos en una sombra de nosotros mismos. Personas a las que solo nos parecemos físicamente, y a veces, ni eso. Todas las decisiones que tomamos, todas las equivocaciones que cometemos, las personas a las que conocemos y las decepciones que nos llevamos acaban por cambiarnos, por convertirnos en seres que antes no creíamos que podríamos llegar a ser. A veces para bien y a veces para mal.

Normalmente el problema radica en los cambios no gustan a todo el mundo. O no todos los cambios. Pero ¿qué es lo que tomas de referencia para saber si sigues el camino correcto? ¿A quién? ¿Cuál es el camino correcto? ¿Qué es lo que lo diferencia del incorrecto? ¿Si voy por el incorrecto acabaré aprendiendo más de mis equivocaciones que de mis aciertos si voy por el correcto? ¿En qué momento dejaré de saber cuál de los dos es el realmente bueno? ¿Se puede decir que algo es realmente bueno? ¿O realmente malo? ¿Cuánto de bueno tiene el malo? ¿Cuánto de malo tiene el bueno? ¿Puedo apartarme de los dos caminos y simplemente sentarme a escuchar el mundo?

No lo sé. No soy capaz de responder a ninguna de esas preguntas, al menos, de momento. No obstante, si todos mis errores y aciertos me han traído hasta aquí, ninguno de los dos caminos debe ser del todo malo. Al fin y al cabo, si todo el mundo está en constante cambio, así como las personas que habitan en él, no hay nada estático. Nada que se pueda tomar como referente.

Realmente solo se trata de avanzar. De tratar de aprender lo máximo posible, tanto de las cosas malas, como de las cosas buenas. De disfrutar del camino y sonreír aunque parezca que las cosas no van bien. Porque la risa es el enemigo natural del miedo, y en cuanto te ríes de lo que debería asustarte, los problemas y preocupaciones desaparecen.

Piensa en lo que te preocupaba hace cinco años. ¿No es gracioso? ¿No ves cómo al final todo se acaba superando? Piensa en tu yo de hace cinco años ¿te ves reflejado? ¿cuánto has cambiado? ¿prefieres al nuevo o al viejo? ¿el sacrificio ha merecido la pena?

Al final, todo se reduce a eso. Al sacrificio que hay que hacer para avanzar, para ser mejor, y si realmente estás dispuesto a correr el riesgo.

sábado, 19 de enero de 2013

Un palacio que no vuela

Mi casa, no es una casa simplemente, es como un palacio que desde fuera se ve hecho para impacientes.
En el que desde fuera se cree que solo vive gente inteligente, o con problemas mentales, o incoherentes, un palazzo hecho para mi disfrute y al que todo aquel que me hable tiene derecho a entrar.
Mi hall,es colorido y etéreo para muchos presuntuoso y para otros tantos desagradable, pero en el esta la entrada y con una llave bajo el felpudo, en el cual reza "no esperes salir con todo lo que entres", puede entrar cualquiera, aunque alguna se ha quedado con la llave y lo ha cerrado desde dentro de manera que entrar  por la puerta grande se ha hecho difícil, pero hay mil entradas más que son viables. Todas estás entradas son acogedoras, casi todas son lo que uno ve al entrar: una entrada normal, sin mucho decoro, con mucho que envidiar a una entrada principal, con algún perro en la puerta que decide si entrarás, con un león por pomo que puede hacer daño al entrar, con una cerradura que parece rota cuándo en realidad pide a gritos que no pases por ahí que hay una entrada principal a la que le gustaría que fueras una experiencia inolvidable te aguardaría en ella.

Mi vestíbulo principal, tiene personalidad adornado con piezas de caza y pesca que nunca podre olvidar, algunas bien exhibidas, otras dadas la vuelta o contra alguna esquina. Consiste en diez paredes; seis con estanterías en la que cada persona que haya entrado puede coger UN libro, si promete acabarlo claro.
En el centro hay tres sofás, uno azul uno verde y uno negro, todos ellos en común sólo tienen la mesa de en medio.
Tres grabados uno a cada lado, en una mesa de cristal que es como un círculo inacabado.
Esta es mi entrada y con ella hay un pasillo con armaduras y bufones a partes iguales por el mismo repartidos miles de habitaciones, y con cada puerta un verso sólo dos escaleras, cada una con un destino adverso.

Tiene cuatro alas mi encantadora residencia, tranquilizo a mis huéspedes diciéndoles que hasta ahora no se ha echado a volar, son: Norte, Sur, Oeste y la otra de la que hablar ganas no tengo, ni tendré espero.
Allá en el norte es donde siempre se esta frío, un lugar incómodo al que están invitados las personas que me veo obligado a invitar por alguna excusa social.
Tiene paredes de colores gris, celeste y blanco, sin sillas ni asiento donde te puedas acomodar, alguna copa escondida habrá, es cortesía tampoco quiero ser impopular. Un kilim acorde a las paredes pero con tonos oscuros adorna el suelo. En el techo escenas de vida cotidiana están retratadas con el mayor esmero para que el que lo mire se aburra y tenga que mirar al suelo. Carece de muebles y de ventanas, le sobran puertas y alguna porcelana.
Es un sitio incómodo pero bonito, un lugar en el que no me encuentro a gusto y en el que rara vez está descontento el que allí va.
El ala sur es otra cosa, es más exótica, menos esotérica, siempre caliente y agradable pero pasar mucho tiempo ahí para mí es agobiante. No es solo agradable no es todo lo que abarca, es un sitio en el que lo que se te puede dar se te da, una torre en espiral atravesada por una escalera de caracol, y en ella lentamente mientras asciendes puedes encontrar salas con cosas que no olvidaras.
Aquí hay tardes de risas, noches en vela, herramientas de trabajo incluso, puedes allí encontrar formas de disfrutar, alguna un tanto siniestra, pero es para disfrute y no solo personal cosas sin secreto confidencial, cosas que en un sentido ético, serían muchas veces difíciles de tolerar, para una mente cerra y antigua o que prefiere solo encajar.
Al oeste se encuentra la entrada tal y como la escrito antes, es un sitio de transito donde el que entra se queda como maravillado o poco impresionado, puede parecer teatro o ser el perfecto actor, puede divertirte al entrar o tratar de salir sin más. La idea es que en ella cualquiera puede entrar, la llave esta en "el hablar".
Esto en una verdad tengo mil momento y cosas que enseñar, pero nos quedamos en un vestíbulo hablando de sus mis visillos o de mis estores, nada es más sencillo que admirar una cortina aunque haya mil hazañas o lugares por enseñar el que no tiene curiosidad con la cortina se va a quedar.
En el centro donde todo va a parar hay una pequeña ciudad, de mil pisos y subiendo podemos pensar.
Es todo mi archivo, es todo secreto y a la vez no. Es mi biblioteca personal, son todo libros a millares y ordenados al azar, allí puedes leer, ahí te puedes sentar, en cualquier sitio puedes disfrutar de una gran historia que cualquier libro te puede contar.
 Solo hay una norma, solo una cuestión, nada más que una pequeña aclaración, no se pueden llevar libros de la sala, esta prohibido y castigado, son memorias e historias, pero únicas e irrepetibles, son azarosas e irracionales, pero mías y de valor incalculable.
Quedan mil cosas que aclarar, unas mazmorras que describir, un ala que no voy a abrir, pero con ello y sin embargo debo terminar, me ha gustado describir como es mi modesta casa, ojalá algún día quieras llegar y en ella tu huella estampar.

Refugio


Todos necesitamos un lugar en el que refugiarnos. Un lugar al que volver cuando acaba el día. Un lugar en el que sabes que te puedes esconder del mundo entero cuando todo empieza a derrumbarse, porque las columnas sobre las que está erigido están fabricadas de todos tus sueños, ilusiones y esperanzas, que nunca podrán ser derruidas, ni si quiera cuando un huracán de aire contaminado de sucias mentiras, traiciones y puñaladas traperas trate de derribarlo.

Al principio, creemos que este es un lugar ajeno a nosotros mismos, al que accedemos desde cualquier parte, pero te acabas dando cuenta de que realmente, esa fantástica fortaleza se encuentra dentro de nosotros, y conseguimos refugiarnos en él a través de nuestra madriguera particular de Alicia, cuando soñamos despiertos y ponemos el cuerpo en piloto automático, dejando que la mente se acurruque en un rinconcito junto al fuego de una humeante chimenea donde todos los problemas se desvanecen. Este es un lugar privilegiado, en el que cualquier presencia ajena se considera una auténtica intromisión.   
        
Sin embargo, cuántos de nosotros no deseamos con todo nuestro ser ser capaces de compartirlo con alguien... el problema, es que no todas las estancias son igual de resistentes, y tendemos a invitar a las personas más importantes a las más frágiles, por miedo de mostrarnos tal y como somos realmente y ser rechazados. Así que cuando creemos que somos capaces de enseñar aunque sea una ínfima parte de nuestro pequeño gran mundo a otra persona, le enseñamos lo que realmente no nos importa que destruya.