Imagínate un castillo. No un palacio de cuentos de hadas y princesas. No. Un castillo como dios manda: con su muralla exterior, un puente levadizo, almenas, torres de defensa, el patio de armas, las caballerizas, mazmorras y grandes torres que se alzan hacia el cielo.
Bien, procedamos a la visita:
La fachada es una gran muralla de piedra de distintos colores y tamaños, pero que encajan perfectamente entre sí. En ella hay pequeñas ventanas que sirven más para ver desde el interior que para ser visto. Así mismo, destacan dos torres gemelas a los lados, con almenaras desde las cuales se podría llevar a cabo un ataque si fuera necesario. En el centro de la muralla hay un gran puente levadizo, que hace las veces de portón. Normalmente está a medio abrir, por lo que si eres avispado, podrás colarte sin mucha dificultad. No obstante, se abre del todo cada vez con más frecuencia.
Una vez dentro, ves un patio cuadrado con suelo de guijarros, en el que hay una fuente de varios pisos en el centro con motivos fantásticos. A mano izquierda se encuentran las caballerizas: huelen a heno limpio y a caballos. Ahora solamente hay dos: una yegua blanca con algunas manchas grises, y un gran caballo negro como la noche. Estos caballos, situados tan cerca de la entrada, proporcionan una vía de escape rápida en caso de necesidad.
Justo por detrás de las cuadras hay unas escaleras sin barandilla que llevan a las estancias superiores. A la derecha, casi al fondo del patio, se encuentra el comedor: Un gran salón lleno de bancos y mesas de madera, en el que los invitados más formales disfrutan de la comida dispuesta específicamente para ellos. Detrás del comedor están las cocinas, en las que las personas más allegadas se encuentran más cómodas: nunca está limpia del todo, hay una despensa enorme, un gran horno y siempre huele a pan recién hecho. Así mismo, en la parte más alejada del patio hay un pasillo exterior horizontal decorado con arcos ojivales, en el que existe una puerta que conduce a la sala de armas, y otra con unas escaleras descendentes que llevan a las mazmorras.
La sala de armas es luminosa y está muy limpia, puesto que se emplea mucho. Hay un par de armaduras bastante cómodas y gastadas, un mandoble con runas grabadas en la empuñadura, un arco de caza, flechas con plumas de ganso gris, y alguna espada corta. El suelo es de madera clara, en una pared cuelgan estandartes de distintas contiendas, y otra está llena de ventanas que dan la parte posterior del castillo.
Bajando las escaleras que llevan a las mazmorras comprobamos que la temperatura desciende considerablemente a medida que la humedad se incrementa. Llegamos a una cámara muy húmeda, con goteras, moho en algunas paredes, y que carece de ventanas. Hay una verja que sin cerradura tras la cual estarían todos aquellos que me han hecho daño en el pasado. En este momento se encuentran vacías, pero todavía queda el hedor de el último que estuvo aquí.
¿Se acuerdan de las escaleras que llevaban a un piso superior desde el patio? No tienen barandilla, puesto que si empiezas a subir por aquí y tropiezas, no tendrás nada a lo que asirte. Subimos por ellas y llegamos al primer nivel, que tiene tres estancias: La biblioteca, la sala de juegos y una pequeña habitación de invitados.
Las puertas que llevan a la biblioteca no son muy grandes, pero sí son macizas y resistentes. Tienen unos grandes goznes con formas de cabeza de león. La biblioteca tiene tres niveles: el primero que es en el que estamos, y que se entra desde el primer piso, al segundo se accede desde una escalera de caracol, atravesando puerta de metal negra, y al tercer nivel solo se puede llegar desde un pasadizo secreto accionado al sacar un libro concreto desde el segundo.
En este primer nivel encontramos libros bastante comunes, sin mucha importancia, ordenados metódicamente. Libros conocidos por todo el mundo, de fácil aceptación y que además se pueden prestar a todo aquel que así lo desee.
Subiendo por una pequeña escalera de caracol llegamos al segundo nivel, al que para entrar además, hay que poseer la llave de la puerta de metal negra. Poseerla, o conocer a alguien que la tenga. En este nivel hay libros más importantes. No son tan comunes, y algunos huelen a viejo. Hay un poco de todo, y no están muy bien clasificados, aunque se puede percibir un cierto orden. También hay unos pocos pergaminos y tablillas, pero no muchas. Entre estos libros hay muy pocos que se puedan prestar, y si eres capaz de llegar hasta aquí podrás leerlos detenidamente y consultarlos pero sin sacarlos de la biblioteca.
Existe un tercer nivel, pero muy poca gente lo conoce. En él están los libros verdaderamente importantes, libros que por lo general, únicamente pueden consultarse por su propietario, y en algún caso muy concreto, es posible que coja uno de allí y te lo deje hojear en el segundo nivel, aunque es una situación extraordinaria. En esta estancia huele a pergamino antiguo y reina el caos. Aunque los libros están pulcramente colocados en estanterías con puertas de cristal de doble hoja, no tienen ningún orden. No lo tienen porque al ser leídos con mucha frecuencia cada vez se colocan en un lugar distinto.
En la biblioteca no hay ventanas, porque la luz solar estropea los libros y decolora las ilustraciones. No obstante, el primer piso está muy bien iluminado, con lámparas de pared que no emiten ningún calor, solo luz. El segundo piso tiene un par de mesas individuales de madera con una lámpara en cada una. Y el tercero se encuentra totalmente a oscuras. Si eres capaz de llegar hasta allí, no te harán falta los ojos para poder encontrar lo que buscas.
Bien, si salimos por el primer nivel, además de la biblioteca encontramos una sala de juegos. En ella hay un billar, una mesa de póker, un karaoke, y un armario con muchísimos juegos de mesa, cartas, fichas, y dados. Muchos muchos dados, así como sillones y mesas bajas. Es una sala muy bien iluminada a la que prácticamente todo el mundo tiene acceso.
En este mismo piso solo queda por enseñar una pequeña habitación de invitados: En ella solo hay un camastro con un colchón duro, una pila con agua limpia, una mesita de noche con una lamparita y una ventana que da hacia el frente del castillo. Las personas que se quedan aquí lo hacen solo una noche, quizás dos. No es una habitación cómoda, y no se espera que vuelvan con frecuencia.
Por un ladito de este piso hay una escalera de caracol que asciende hasta un segundo piso, en el que está el segundo nivel de la biblioteca, dos cuartos de invitados, una salita de estudio y la sala de música.
Estos cuartos de invitados son bastante más cómodos: la cama tiene un colchón blandito, hay un baño compartido, tienen una pequeña chimenea con una alfombra a los pies, una cómoda color caoba, y dos ventanas de arco apuntado que dan una a un lateral del castillo, y la otra a la parte posterior, donde se extiende un gran bosque. Aquí se hospedan la familia y los amigos más cercanos.
La sala de la música tiene una moqueta roja cubriendo el suelo, un gran piano de cola negro en un lateral, un par de guitarras, un bajo, una batería… etc. Todos aquellos instrumentos con los que tocar alguna canción. Para llegar a esta habitación hay dos caminos: subiendo las escaleras del primer y segundo piso, o bien, colándote desde el exterior por una puerta de madera camuflada entre enredaderas que llevan directamente a esta sala. Además, en esta habitación hay un pequeño reservado con sillones y cojines, en donde se escuchan las canciones que más tocan la fibra sensible. No se suele emplear mucho.
La salita de estudio no es nada del otro mundo, pero es cómoda y cumple su función: un escritorio normal, una estantería con libros de consulta y una cajonera con papel y lápices. Tiene algunas ventanas, proporcionando suficiente luz sin necesidad de lámparas y bastantes distracciones.
Existe un tercer piso, pero para llegar a él aparte de seguir subiendo por la escalera de caracol necesitas tener algo especial, algo que te diferencie de los demás. Para ello, en lo alto de la escalera no hay una puerta, sino un gran espejo de cuerpo entero con grabados en una extraña lengua por todo el marco. Deberás reflejarte en él y tratar de atravesarlo, lentamente, sin forzarlo. No es un espejo cualquiera. Su cristal refleja tu verdadera personalidad, tus deseos y tus miedos más profundos. Él decidirá si dejarte o no pasar.
Si lo hace llegarás a un piso guardado con mucho esmero: en él se encuentra el tercer nivel de la biblioteca, una especie de trastero con material de acampada, y una sala de pintura.
El trastero con el material de acampada esconde más de lo que deja ver: una mochila ajada tras el uso continuado, una caseta con un palo cambado, un candil… eso es lo que se ve aparentemente, pero hay más, mucho más: un foulard desteñido por el paso del tiempo, una serie de papelitos de una actividad realizada hace bastante, algunas máscaras de yeso pintadas de verde y amarillo, una caja con disfraces de todo tipo, collares hechos con macarrones, un álbum de fotos cubierto de polvo, un bordón apoyado en un rincón, un banderín deshilachado, un saco de dormir que no calienta, unas botas cubiertas de barro, una brújula rota, que en vez de al norte, señala al sur, cuerda de pita, una cámara de fotos estropeada en una inundación, un plato de metal con más abolladuras de las que se pueda contar… Huele a recuerdos.
La otra estancia es la sala de pintura. En ella hay varias ventanas grandes, que proporcionan tanto luminosidad como ventilación. Hay un caballete en el centro, con una silla de madera sin ningún tipo de articulación. En el caballete hay un lienzo a medio pintar, al lado hay una mesita con una paleta llena de pintura de muchísimos colores, algunos frescos y otros ya secos. También hay pinceles y brochas de distintas formas y tamaños, así como un trapo en su día blanco, pero que ahora parece un cuadro más. La habitación está llena de lienzos pintados, terminados y firmados, que cuentan su propia historia, y en un rincón hay más en blanco, esperando un momento para que pinten en ellos. Además, en otra esquina hay un pequeño aseo, con un gran lavamanos. Huele a pintura y a disolvente.
De este piso sale una torre desafiando al firmamento. Por lo general está cerrada a cal y canto para todo el mundo. Pero hoy haremos una excepción solo para la vista. También se accede mediante una escalera de caracol.
En lo alto está mi habitación. Hay una gran cama con dosel, un escritorio de madera de nogal, barnizada, con una serie de hojas de papel en su superficie. Algunas están escritas, otras están dibujadas, otras en blanco, y otras a medio escribir. Hay un tintero con tinta y una pluma de fénix reposando al lado. En un lateral hay una chimenea con la que calentar la habitación las noches más frías de invierno, así como una alfombra peludita a sus pies. En la repisa de la chimenea varios marcos con fotos, sin polvo. Una mesita pequeña al lado de la cama que tiene un libro a medio leer.
También hay un balcón que rodea toda la parte exterior de la torre, desde el cual se puede contemplar todo el paisaje, incluyendo el bosque de la parte posterior, o el mar, que rompe con fiereza en los acantilados del este. La puerta del balcón es de cristal, dejando así pasar toda la luz del exterior, ya que no hay ventanas. Toda la pared está pitada con gran esmero con hadas, dragones, y escenas del mundo onírico.
Aparte de todo esto, también está la pajarera, situada en una de las torres gemelas de la entrada. Desde allí se envían y reciben mensajes del exterior. Por lo general suele estar bastante limpia, ya que se utiliza con mucha frecuencia.
Todos los tejados están cubiertos con tejas, siendo resbaladizas para todo aquel que trate de colarse por ellos, y no lo haga de manera habitual, y cuando llueve se convierte en algo poco menos que una trampa mortal. También hay algunas gárgolas situadas a lo largo de las torres, que vigilan, incansables, el mundo que las rodea.
Hay más torres, por supuesto, pero ninguna que se pueda enseñar, al menos de momento. Algunas están en construcción, otras están llenas de trastos rotos y viejos, y otras a las que sencillamente no quiero dejaros entrar. Pero hay una que a lo mejor sí os interese, la torre de Astronomía. A ella se accede desde la parte trasera de la cocina, o desde otras partes atravesando algún pasadizo. En lo alto se encuentra un gran telescopio que apunta directamente hacia lo más profundo de la bóveda celeste.
Así mismo, antes de llegar hasta la parte alta, hay un cuarto con cartas de navegación, mapas, compases y brújulas, un esqueleto de un dragón no muy grande colgado del techo, una pequeña jaula con pajarillos, un caldero de peltre, frasquitos de diferentes tamaños con líquidos de muchos colores, herramientas de marquetería… Todo colocado cuidadosamente en estanterías y etiquetado minuciosamente. En el centro de la estancia hay una mesa rectangular con manchas que por mucho que se limpie no se borran, algún agujero, y una esquina con algo que parece un mordisco.
Bueno, desde hace un rato estoy nombrando el bosque. Vamos a verlo.
Al principio comienza como un gran jardín, pero a medida que avanzas compruebas que realmente es un bosque. La arboleda oculta la mayoría de los rayos del sol, aunque hay algunos claros. Los caminos que parecen seguros y conocidos, acaban de repente sin llevar a ninguna parte. Cuanto más te adentras en la espesura más troncos caídos llenos de musgo ves, más pájaros desconocidos descubres, y más en paz te sientes. Pero cuanto más avanzas es más difícil volver. Hay un río no muy grande que lo recorre, formando a veces, pequeñas lagunas en las que poder bañarse. Hay animales y plantas de todo tipo, que viven en relativa armonía. Y hay una pequeña cabaña hecha con troncos de árboles caídos que sirve de refugio a todos aquellos que lo necesiten. Hacia el oeste hay unas pequeñas montañas en las que encontramos cuevas, no todas habitables para los humanos, pero sí para los lobos, que llenan con su música el bosque las noche de luna llena.
Ahora conocéis el castillo. Pero no todo. No conocéis los pasadizos secretos, ni cómo correr sin miedo por los tejados en una noche sin luna, no sabéis qué oculta una pequeña torre del ala este, no sabéis cómo orientaros en el bosque sin miedo a perderos, no sabéis de qué material está hecha la puerta de la biblioteca, ni qué libro hay que sacar para acceder al tercer nivel. Al fin y al cabo sigue siendo una fortaleza, y si conocierais todos los secretos que posee dejaría de serlo, para pasar a convertirse en un palacio de área recreativa.













