Hola,
me llamo Pet... Bueno así es como me llaman, realmente mi nombre es
Peter, viene del inglés, es igual que "Pedro" pero mi
madre se empeño en llamarme así cuando nací.
Mi
vida no es un gran misterio: tenía una vida mediocre, un no sé qué
que invitaba a las personas de mi alrededor a meterse conmigo, o a
esperar cosas de mí que no podían ser teniendo en cuenta que soy
una persona que siempre tuvo una constitución bastante pobre. Soy el
más pequeño de la clase, da igual la clase o la edad; soy el más
flaco, da igual que contemos a las chicas, aunque fueran anoréxicas.
Por
ello, mi padre siempre pensó que era un enfermo, que no valía la
pena. Para él es fácil decirlo, es fuerte y alto, además de rubio
y de ojos azules. Mi opuesto por antonomasia.
No
es que no nos parezcamos en la cara o algo, es que yo con mi piel
aceitunada, mi pelo negro y mis ojos marrones no puedo ni estar a su
sombra...
Buen
mi madre es otro caso: ella es la encargada de recordarme todos los
días de mi vida, desde que tengo conciencia por lo menos, que no
valgo, que soy un inútil, que no puedo estar al nivel intelectual de
mi clase, que doy pena, que nunca tendré novia, que estoy loco, que
tuve un amigo invisible al que nunca le puse voz por miedo a que me
dijera algo que me doliera, que soy un cobarde.
Me
volví prácticamente loco gracias mis padres, por culpa suya y por
la de mis eternos verdugos, mis compañeros de clase, y por ello me
encuentro aquí, escribiendo esta carta.
Bueno
antes de continuar debo decir algunas cosas y contaros una historia.
Tuve esperanza en un momento de mi vida, puede disfrutar realmente de
ella, aunque fue poco tiempo y mal repartido.
Lo
hice.
Tuve
una novia, no me enorgullezco de mis métodos para conseguirla, pues
ella estaba comprometida con otra persona, pero bueno, todo lo que
uno da lo recibe.
Comencemos…
"Pet
estaba solo, rodeado de compañeros de clase o junto con su familia,
se sentía, como siempre se había sentido, triste. Nadie le
hablaba, estaba solo, frustrado y desconfiado... No se le daba nada
bien excepto una cosa, la literatura.
Era
algo innato en él. Podía escribir desde una edad temprana cosas que
muchos escritores envidiarían. Eso no era más que otro motivo para
que lo odiaran.
Ese
día con el que debe empezar esta historia en concreto era un mal día
para tal don... Se concentraba en pasar desapercibido todo el tiempo
posible para que las recurrentes palizas de sus compañeros
disminuyeran en número y en cantidad. A sus 14 años no podía
entender por qué le seguían pegando: daba igual que se cambiara de
colegio, lo hacían de nuevo con o sin motivo, pero no podía pasar
desapercibido en un día como aquel.
Era
el día del libro, y el colegio realizaba un recital de poesía en el
que los alumnos podían leer en público un poema o un cuento en
cualquier momento del día, subiéndose a un escenario en el patio.
Además, el departamento de Lengua los puntuaba...
Estaba
seguro, sería el último y el mejor, todos tienen que oír los
últimos y eso, por una vez, era lo que quería.
Durante
el día leyeron varios escritos, entre ellos uno que tuvo que
escribir a Jorge, el matón de la clase por excelencia, ese chico que
le había amenazado una semana antes para que no saliera a leer su
cuento antes o después de él.
Pero
justo antes que Pet volvió a subir Jorge ante sus narices y recitó
un absurdo poema de amor dedicado a una chica de nuestra clase... No
entendería nadie cómo de malo era sin antes oírlo o leerlo. Para
empezar, rimaba "cebollo" con "cabello" y para
terminar todos se rieron a más no poder en cuanto hubo terminado.
Es
ahí donde debería haberse retirado y callado para no terminar de
ridiculizarle. Pero no, ese era SU día y una paliza más o menos no
se lo iba a estropear.
Y
ahí estaba el con un micro delante todos, le miraban, se reían por
lo bajo, pero el resuelto en su tarea empezó a leer...
Conforme
leía, el ruido cejaba y hasta los niños pequeños dejaron de
hablar. Era una obra maestra, de principio a fin.
Y
con ello hacía estallar al propio Jorge y se ponía más rojo con
cada palabra que decía, el porqué es sencillo, no era poesía
barata... Es más, como cualquier entendido sabrá, la poesía en sí
misma ya es barata, es una canción sin ritmo ni música, solo imita
la cadencia de los cuentos y la transforma en verso siguiéndola y lo
llama rima. Era un cuento, sobre una niña, sobre una mujer, sobre
una madre, sobre una abuela. Sobre su infinita ternura, sobre su
belleza y las formas en las que se manifestaba a lo largo de su vida.
Sobre lo que es una mujer en sí misma para él. Sobre un ángel en
vida, sobre una divinidad capaz de dar vida.
Al
terminar de leer desde niñas hasta ancianas estaban llorando, muchos
niños y hombres estaban enternecidos y con un nudo en la garganta
que no les permitía hablar, así que ahí estaba Pet sin su esperada
ovación...
Solo,
sin nadie que lo entendiera y viendo a la gente llorar delante de él,
entendió que estaba mal... y lloró, y corrió para escapar,
fue e la parte de atrás de su instituto y saltó su alta valla.
Siguió corriendo en dirección a su casa aunque estuviera lejos y
soliera coger el autobús de la escuela.
De
camino se encontró con una joven atractiva sentada al pie de un
árbol, junto a un descampado, casi vallado completamente. Era una
chica joven, de su edad más o menos, una chica guapa y daba bastante
pena, puesto que daba la sensación de estar triste.
Pet
se había quedado mirándola fascinado. Había dejado de llorar...
-Hola,
¿Por qué llorabas?
-Yo...no...-
y Pet volvió a llorar desconsoladamente.
La
niña se le acercó como asustada, no entendía qué había hecho
mal, no entendía porqué se había puesto a llorar ese niño... Y le
tocó.
La
niña se puso muy contenta de repente, bailó a su alrededor, cogió
a Pet de las manos y lo hizo bailar con ella. Entraron en el
descampado ya con Pet más animado y se sentaron en el césped, una
cabeza junto a otra pero con sus pies en direcciones contrarias.
-¡Juguemos!
Mira allí, ¿ves ese conejo?- dijo la niña con entusiasmo.
-
Eso es una nube - respondió desagradable como solo podía ser Pet.
-¿Que
te enseñan a ti en clase? Imagina, dale forma en tu mente, allí
donde ves nubes ¿por qué no verlo? Es cosa tuya, no del señor
conejo.
-Estas
loca.
-¿Qué?-preguntó
la niña incorporándose horrorizada.
Y
Pet no pudo hacer otra cosa, solo rió, y rió durante casi diez
minutos por su reacción mientras la niña volvía a la realidad.
-Me
gustas- dijo inesperadamente Pet al volver al suelo mirando las
nubes, y con ello se sintió realizado.
-¿Qué?,
p-p-p-pero eso no es posible, ni siquiera sé tu nombre.
-Pet,
encantado, ¿el tuyo es?
-Ma...
-¿Ma?,
que nombre más bonito, pero ¿de donde viene?
-Es
vietnamita, como mi madre...
Rieron
y disfrutaron de su tarde, jugaron a palabras encadenadas, Pet
aprendió algo de vietnamita incluso. Estaban fascinados, podía
palparse en el ambiente ese preludio a un fuerte amor, esa forma de
enamorarse que solo se da una vez en tu vida...
Estuvieron
allí durante horas hasta entrada la noche. Entonces Pet se ofreció
llevarla a casa y ella aceptó entre risas por lo bajo. Para sorpresa
de Pet vivía junto al descampado.
Se
despidieron antes de que Ma entrara, y hubo un detalle con el que Pet
se sintió un poco mal al irse: la casa en la que había entrado Ma
parecía abandonada.
Volvió
a casa y allí parecía que no hubiera pasado nada: su padre jugando
al baloncesto con algún compañero de trabajo en el patio trasero,
su madre haciendo la cena… parecía todo normal, hasta que la madre
sintió la puerta abrirse y a Pet subir las escaleras.
-¡Pet!
Ven aquí ahora - Ordenó imponente la madre.
-¿Sí
madre? - soltó con un hilillo de voz Peter desde la puerta.
-Ve
a tu habitación y no salgas de ahí, ya te llevaré yo la cena. Hoy
tenemos un invitado muy importante y no queremos que le causes mala
impresión - acabó la madre con la parsimonia de un verdugo.
-Sí
madre.
Y
ahí estaba Pet de vuelta a su habitación, con la cama, un
escritorio, una estantería con libros y su simple escritorio, más
de lo que necesitaba. Estuvo horas frente a sus papeles tratando de
describir con palabras la felicidad que sentía y que lo invadía al
pensar en Ma.
Al
día siguiente, se levantó temprano y bajó a desayunar y comió
como nunca, con ganas, solo pensaba en volver a ver a Ma. No le
importaba la más que posible y probable paliza que le tocaría hoy.
Y así fue. Jorge se encargó de que su perfil izquierdo fuera
irreconocible, sus profesores le riñeron sin hacer caso a los golpes
que tomaban nuevas tonalidades por momentos en su cara, sobre cómo
había huido el día anterior y sobre que le había descalificado por
ello. Todos los profesores habían estado de a cuerdo menos la
señorita Luisa, su profesora de lengua y literatura que le dijo que
era algo de un nivel muy alto.
Todo
eso fue rutina, para cuando salió de clases nada le importaba fue al
descampado de Ma y… No estaba. No había nadie ahí, ni en la casa
adyacente, Ma no estaba.
La
policía lo llevó a su casa ya entrada la noche diciéndole a sus
padre que lo habían encontrado solo en una acera bajo un árbol a
altas horas de la noche.
No
le importo la bronca ni los gritos ni los golpes, a partir de ahí no
sentiría nada.
Años
más tarde su cambio era visible: no era tan flaco ni tan apalizado,
era más problemático, no tan depresivo. Lo cambiaron de colegio a
un instituto público cuando le clavó un bolígrafo en un ojo a un
compañero llamado Jorge, que según sus compañeros no le había
hecho nada.
Ya
a un año de entrar a la universidad, habiendo mejorado en todas las
áreas, sobre todo en no apegarse a su vida y no tener miedo a los
golpes o a los cuchillos de los chavales que lo acosaban, seguía con
su rutina de pasar todos los sábados por el descampado antes de ir a
su casa, y allí estaba ella.
Parecía
mucho mayor cómo si tuviera unos 23 o 24 años en vez de los 17 que
debería tener, era mayor pero era ella. Ma.
-¿Ma?
De verdad, ¿eres tú? - Preguntó a la mujer bajo el árbol, junto
al descampado.
-Pet,
has crecido - le sonrió la chica, con los ojos rojos.
-Mira
quién lo dice jajaja - decía Pet con un nudo en la garganta y sin
fuerzas para estar de pie, pero aparentando.
-Me
iba a casar, me prometieron desde pequeña con mi esposo, por eso
desaparecí. No quería hacerte daño…
No
pudo continuar. Pet la estaba besando. Era su primer beso y parecía
todo un experimentado. La casa de Ma, que desde dentro no parecía
nada abandonada, parecía una casa señorial británica del siglo
XVIII.
Allí
vio bien el anillo de la chica que tenía delante. Pet no se detuvo y
siguió intimando con ella hasta que le dijo que parara, y le pidió
que se fuera.
-Pero
mañana volveré y al siguiente. Así hasta que me dejes hacerte
feliz en vez de ese señor con el que dices que estás prometida -
terminó antes de irse con una sonrisa.
Pet
estaba contento, realmente feliz. Ese día y el siguiente fueron de
los mejores de su vida: se medio reconcilió con su padre, no le
intentaron pegar a la salida de clase ni tuvo ningún otro problema.
La vida para Pet era maravillosa.
Al
llegar al descampado su alma se le calló a los pies. La casa de Ma
estaba quemada hasta los cimientos.
Había
un señor con un sombrero de copa y un bastón, un anciano, sentado
al otro lado de la acera esperando un autobús hasta que vio a Pet
gritar, llorar y patalear. Se le acercó. Era como un mago y con su
capa ondeando, le puso la mano a Pet en el hombro.
-¿Qué
pasó chaval? ¿Algún problema?
Pet
se medio recompuso para preguntarle al señor:
-¿Señor
sabe usted qué ha pasado aquí?
-Pues
que hace cerca de cien años esta casa se quemó, nada más pero,
chaval ¿qué te pasa a ti?
Pet
no contesto y corrió a un sitió que solo el conocía bien, su
habitación. Allí corrió a su estantería y cogió un libro pesado
que rezaba en su portada 'Vietnamita-español'. Buscó algo que no
había querido hacer nunca. Buscó 'Ma' y allí estaba su respuesta,
y junto a ella comenzó a escribir una carta que...”
Más
o menos os imagináis cómo sigue. Ahora que lo he repasado todo,
puedo escribir qué significa Ma antes de irme. Tengo algo que hacer,
un trabajo para un señor que lleva todo el día una guadaña a
cuestas.
Ma
vendría siendo “Fantasma” en vietnamita...
Puede
que no me creáis, pero esta es la historia de mi vida, y en esta
carta es donde quiero poner un discreto y silencioso… fin.