domingo, 2 de marzo de 2014

Coge impulso y salta

Cierra los ojos. Ciérralos bien, dejando que todo lo que te rodea se desvanezca. Ahora, solo por un momento, piensa en todas las oportunidades que has perdido por no arriesgarte, por no atreverte a intentar traspasar la línea tras la que te mantienes recluido. Ese límite que nos autoimponemos para absolutamente todo lo que hacemos: después de las 2 de la mañana, vete a dormir; solo una cucharadita de azúcar; no más de 100 páginas por día. ¿A qué vienen tantas restricciones? ¿Por qué tantos noes, tantos ya veremos? No lo comprendo, de verdad que no.

Tenemos que dejar de tener miedo. De tener miedo de ganar, de arriesgarlo todo por un sueño imposible, de caminar hacia la luna por un sendero hecho de estrellas. Olvídate de preguntarte “por qué” y empieza con el “y por qué no”. Somos poderosos, y no tenemos límites, ese es nuestro miedo más profundo, pero recuerda, el miedo sólo sirve para perderlo todo.


Podemos conseguir todo los que nos propongamos y mucho, mucho más. Tan solo coge impulso y salta. Rompe las barreras. Borra los límites. Salta sin mirar abajo. Hazlo, y, entonces, cuando llegues al otro lado, descubre todo aquello que algún día parecía imposible, pero que ahora está al alcance de tu mano.


    domingo, 5 de enero de 2014

    Mascarada

    Vivimos la vida como si de un baile de máscaras se tratara. Ocultamos nuestra verdadera identidad tras una máscara hecha de jirones de niebla y luz de luna. Una careta, a veces grotesca y esperpéntica, con muecas simiescas y expresiones dantescas, que trata de espantar a todos aquellos insensatos que podrían intentar averiguar qué es lo que se esconde tras ellas. Mejor ser rehusados por aquello que pretendemos ser, que por lo que somos en realidad.

    Y mientras tanto, bailamos con desconocidos que también disfrazan su propio ser al son de un compás que ni siquiera marcamos nosotros mismos. Bailamos, giramos, tratamos de no tropezar, de agradar, de estar erguidos, de mantener una apariencia que en el fondo no es más que sombras... Y bailamos y bailamos, día tras día, noche tras noche, importándonos más el qué hacemos que el con quién, al fin y al cabo, ¿cómo podemos saberlo?

    Pero llega un día en el que decides dejar atrás todo aquello que realmente no nos importa, aquello que únicamente nos impide ser felices. Te detienes súbitamente y puedes comprobar, sin equivocación alguna, cómo los demás siguen bailando tal y como les han enseñado, primero un pie y luego el otro. Todos iguales, todos a la vez, como si de un gigantesco reloj lleno de engranajes se tratara. Decides tirar tu máscara al suelo, en el que estallará en un sinfín de fragmentos de estrellas, quedando apenas un montoncito irreconocible de polvo estelar, que se acabará por esparcirse por el mundo con la primera brisa del viento de poniente.

    Huyes de toda esa gente, de todo ese ruido acompasado. Caminas hasta donde nadie conozca tu nombre, y es allí donde empiezas otra vez a ser tú mismo, esta vez, sin ninguna máscara que oculte quién eres realmente.