Unos
ojos vidriosos, una sonrisa torcida, un día luminoso, una leve caricia. Una
atmósfera cargada de ilusión, un unicornio, o tal vez un dragón. Un velero que
vuela, un hada, una sirena. Una puesta de sol en la playa, una bella noche en
la montaña. Un sinfín de granos de arena, un aterciopelado cielo cubierto de
estrellas. Miles de cavernas por las que poder perderse, túneles en los que
esconderse. Cientos de aullidos en noches sin luna, cuando las gárgolas se apoderan
de las torres oscuras. Un par de alas negras que cuelgan boca abajo, una capa
de terciopelo, un collar de ajos. Truenos y relámpagos de tormenta, luces
radiantes, color argenta. Árboles que se mecen al viento, que llenan con su
música las tardes de invierno. Un castillo con su muralla, curtida e imbatible
tras cientos de batallas. Un bosque encantado, una colina por donde correr, un
lago helado. Un lujoso antifaz, para cubrir el rostro de una forma tenaz. Una
capa hecha de sombras, que ondea tras de mi, con lentas ondas. Lienzos llenos
de colores, que llenan el mundo como si fueran flores. Un viejo libreto, que
anuncia las bellas melodías de un gran cuarteto. Una espada sangrienta, hendida
en infinidad de pechos en alguna reyerta. Una enredadera que recorre un muro,
un corazón de piedra, demasiado duro. Un columpio por el paso del tiempo
oxidado, el balón con el que jugábamos, ya ajado. Siete bastardos escondidos,
ten cuidado, pueden dar contigo. Un tren que no llega, un amante que en el
andén espera. Un invierno que viene, cuando empiezan a caer los primeros copos
de nieve. Nubes con formas de animales, cielos despejados, fusionados con
mares.
Y tú
te preguntarás ¿qué es todo este inventario? ¿Un sueño tal vez? ¿Un anuario? No
podrías estar más lejos, no todo lo he vivido, no todo lo echo de menos. Te lo
diré si prometes guardar el secreto. Te lo diré, aunque me metas en un aprieto.
Pues bien, no se trata de una lista literaria. Como alguien me
dijo una vez, se llama magia…
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