Momentos en los que lo único que te apetece es montarte
sobre tu dragón, látigo en mano, y conquistar el mundo a base de sangre y
fuego. Dejarlo todo devastado, y contemplar, con orgullo, el mundo envuelto en
llamas, mientras se reflejan, centelleantes, en unos ojos que ya no miran a su
alrededor con el encanto con el que antaño solían hacerlo. Unos ojos que, cada
vez ven menos de la magia que los rodean. Una magia que se debilita cada día
que pasa, pero que con el resurgir de los dragones, parece que le queda un poco
más de tiempo.
Es verdad aquello que dicen de que si te caes siete veces,
debes levantarte ocho. El problema, es que nunca son solo siete. Con suerte,
solo te caerás unas siete veces al día. Con suerte. Por mucho que te empeñes en
levantarte una y otra vez, por mucho que le plantes una sonrisa a cada
dificultad que aparece, siempre viene otra más. Y luego otra. Y otra. Si caigo,
me levanto y me vuelvo a caer ¿para qué levantarme una segunda vez? ¿para
volver a caerme? Si bien cada caída es diferente a la anterior, cada vez que me
pongo en pie también es distinta. No obstante, se me están empezando a gastar
maneras de levantarme.
También dicen que cuando veas que el mundo está envuelto en
sombras, debes darte la vuelta y mirar al sol de frente. De esta manera solo
conseguiré cegarme y escandilarme, aún más de lo que ya lo estoy. Cuando digo
que quiero fulgores de estrellas, no me refiero precisamente a eso. No quiero
puntitos de color indefinido que nublan la visión, ni repentinos fogonazos que
en lugar de alumbrar, solo ensombrecen el camino por el que se supone que
llegaré a mi destino, sea cual sea. Un camino al que se empeñan en poner trabas
y más trabas. Un sendero, a veces oculto, que últimamente parece que se empeña
en dar vueltas y más vueltas en círculos.
Duele decirlo, pero efectivamente, la vida es palo tras
palo, tras palo, tras golpe de remo, tras palo, tras patada en el estómago,
tras palo, tras troncazo en el oído… Contra los palos no tengo nada, de hecho,
cuantos más mejor ¡palos gratis! Pero llega un momento en el que te cansas de
tanta decepción y desilusión. De seguir esperando que la gente no sea tan ruin,
deshonesta, irresponsable. Que no traten de sacar provecho de ti. Que seas algo
más para ello que un simple peón en una partida de ajedrez que creen que
dirigen. Sí, lo sé, mejor espero sentada y leyendo un libro. Un buen libro, que
la cosa va para rato.
¿Y ya está? ¿Esto es todo? ¿No hay nada más? ¿Nada por lo
que merezca la pena luchar, tratar de cambiar las cosas? Necesito algo más.
Necesito un motivo para poder continuar por este tortuoso camino al que llaman
vida. Una razón por la cual levantarme miles y millones de veces. Una razón que
haga que nunca se me borre la sonrisa de los labios.
De momento, dado que no quiero deslumbrarme, seguiré yendo
por la sombrita, se distinguen mejor los matices, y no hace un calor que
provoca que se derritan las ideas. Seguiré por la sombrita, ahí solo pasan
cosas buenas…

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